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Los barrios más pintorescos de la Costa Blanca

Los barrios suponen la mejor forma de explorar el alma de un pueblo o ciudad a través de sus callejuelas. Exploramos los barrios más pintorescos de la Costa Blanca, muchos de ellos abrazados por buganvilla, costumbrismo y playas.

 

La felicidad es perderse por un laberinto de calles estrechas sin saber dónde acabarás. Descubrir la ropa tendida, la vegetación que envuelve las casas o a esa pareja de ancianitos que, sentados "a la fresca", aún cuentan viejas historias. Saber que el mar estará espiándonos al final del camino, descubrir los susurros de almenas y molinos, o leer con los pies las memorias de sus edificios.

 

En un momento como el actual, no existe mejor forma de viajar en tiempo y espacio que recorriendo los barrios más pintorescos de la Costa Blanca.

 

Barrio de Santa Cruz (Alicante) 

En las faldas del Castillo Santa Bárbara vive una primavera eterna en forma de balcones salpicados de geranios, casitas que despiertan entre duendes de cerámica y callejuelas angostas que revelan nuevos colores y formas. El casco antiguo de Alicante es un lugar donde todos los vecinos se conocen, las terrazas albergan cientos de historias y todas las rutas terminan en iconos como el Parque de la Ereta o la Ermita de Santa Cruz. El perfecto preámbulo a un Mediterráneo al que también se asoma el cercano Raval Roig, antiguo barrio pescador de Alicante del que sobreviven rincones con encanto como la pintoresca calle de Madrid, con sus casas de colores y ambiente delicioso.


 


Casco antiguo de Altea 

No nos arriesgamos si decimos que el casco antiguo de Altea es uno de los barrios más bonitos de toda la provincia de Alicante. El Mediterráneo suspira en cada balcón y tejado, casita blanca y calle que conduce a su plaza principal, donde la iglesia de Santa Ana supone el umbral al mejor mirador de la Costa Blanca. Desde recorrer sus calles de artesanía hasta cenar en sus restaurantes perdidos, pasando por callejuelas cuyo blancor contrasta con el mar, Altea es la perfecta definición del paraíso que vinimos a buscar.

 

 


Baix la Mar (Dénia) 

Rabad es el término árabe que antiguamente servía para designar a los barrios extramuros de una ciudad. Durante la ocupación islámica, los musulmanes contaban con cuatro "ravales" repartidos por la zona de Alicante, pero de todos ellos, Baix la Mar era el más estratégico de todos. Con el tiempo, este barrio de pescadores, tapizado de casitas de colores y antiguos secadores de pulpos se convirtió en el alma de la ciudad de Dénia. Basta con caminar hasta la Explanada de Cervantes (llamada allí tras el desembarco de Miguel de Cervantes tras su llegada desde Argel) o levantar la vista hacia el castillo para percatarse de que la historia de la provincia de Alicante puede caber en un mismo barrio.


 


El Rabal (Villena)

La esencia de los antiguos arrabales también puede apreciarse en las faldas del castillo de la Atalaya, en Villena, donde aún se escuchan los susurros de su historia medieval. Aunque durante años fue un barrio vetado por muchos, hoy El Rabal supone el mejor espejo de la historia de Villena, con sus fachadas coloridas y calles estrechas donde flota el aroma a buñuelos en las semanas de primavera. Una pequeña joyita a redescubrir en una ciudad de Villena llena de encanto y misterio.




Casco antiguo de Villajoyosa 

Cuando los pescadores llegaban al puerto tras días en alta mar, a muchos de ellos les costaba reconocer cuál era su vivienda. Fue así como surgió la idea de pintar cada casa asomada al mar de un color diferente utilizando la pintura de la chapa de los barcos. Fue así como el casco antiguo de Villajoyosa se convirtió en la acuarela vertical que supone hoy día. Si vas un poco más allá de la Avenida País Valencià, te verás envuelto en callejuelas de cien colores donde el salitre juega con el Mediterráneo, los balcones floridos y estampas costumbristas que respiran aquí como en ningún otro barrio costero de la Costa Blanca.


 


Casco antiguo de Calp 

Calp es mucho más que su peñón, sus playas y la Muralla Roja. De hecho, su casco antiguo es uno de los más pintorescos de la provincia de Alicante. Un alarde de color y tradición abrazado por el Torreó de la Peça, antigua porción de la muralla que custodiaba la ciudad y que enlaza con la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de las Nieves o El Portalet, el antiguo portal de acceso al casco antiguo. Pero si sigues andando, cierto mosaico de flamencos te descubrirá la Plaça dels Mariners, préambulo de un Mediterráneo al que los pescadores de la zona se asomaban cada mañana para comprobar el estado del mar. Una zona antaño custodiada por piratas, donde hoy el aroma del mar o sus escaleras pintadas forman uno de los rincones más deliciosos de la provincia de Alicante.


 


Barrio de San Isidro (Orihuela) 

En mayo de 1976, en plena Transición, llegó al barrio de San Isidro de Orihuela un grupo de pensadores, escritores y pintores para plasmar la libertad negada durante décadas a través del arte. Una transformación cuyo culmen sería el homenaje en honor a Miguel Hernández, hijo pródigo de la ciudad de Orihuela.  Casi cincuenta años después, este barrio ubicado al noroeste de Orihuela supone el mejor museo al aire libre de la Vega Baja, colmado de murales acompañados de extractos de las poesía de Hernández.


 


Casco antiguo de Biar 

Hay cascos antiguos que merecen una mención aparte, y uno de ellos, sin duda, es el del pueblo de Biar. De carácter medieval, sus estrechas callejas invitan a recorrer un laberinto de piedra y encanto que gira en torno al Castillo de Biar, corazón histórico del pueblo y construido en el siglo XIII. Además, no os podéis perder una visita a la Puerta de Játiva (hoy Arco de San Roque), acceso de las antiguas rutas comerciales procedentes del Reino de Valencia; o la Puerta de Castilla, de carácter defensivo.


 


Casco antiguo de Finestrat 

El espíritu morisco puede sentirse en otro de los cascos históricos más fascinantes de la Costa Blanca: el del pueblo de Finestrat. Aquí el estilo barroco de la Plaza de la Torreta se entremezcla con casas colgantes de portales índigos, el encanto de la Iglesia de Sant Bertomeu, el modernismo de la Ermita del Santísimo Cristo del Remedio, camuflada entre setos y palmeras; o su castillo almohade. Todo ello, vigilado por un Puig Campana que ejerce como testigo de este pueblo donde parecen encontrarse todas las historias de la provincia de Alicante.


 


Desde el mar hasta el interior, la provincia de Alicante evoca las muchas dimensiones de su historia a través de barrios únicos para perderse. Para hacerle cosquillas a la historia de la Costa Blanca desde lugares llenos de secretos. 


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